EL VECINO INCOMODO
دليل الريف : رشيد نيني
Contemplemos por un rato los mensajes ocultos o manifiestos que intercambian
Marruecos y España últimamente.
Cuando la selección española venció a su homóloga holandesa en la Final de la
Copa del Mundo en Sudáfrica, muchos ciudadanos marroquíes salieron a las calles
de Rabat, de Casablanca y de otras ciudades del Norte, ondeando la bandera de
España, a sabiendas de que en las filas de la derrotada selección orange juegan
dos marroquíes, e incluso el presidente de un club de futbol en Tetuán llegó a
brindar a la salud de la selección española en “Casa de España”, donde muchos
cantaron a grito pelado un “Viva España”, expresión que hace recordar a nuestros
vecinos españoles la época negra de Franco.
Tan sólo una semana después de que marroquíes portaran banderas de España en las
calles, varios agentes de la policía nacional española en la ciudad ocupada de
Melilla agredieron a cinco jóvenes marroquíes residentes en Bélgica. Su delito
fue llevar en su automóvil la bandera nacional marroquí al disponerse a
atravesar el punto fronterizo de la ciudad ocupada de Melilla. A raíz de lo cual
las autoridades procedieron a su expulsión a Nador en un estado lamentable.
Parece ser que el Sr. Ministro de Exteriores español, Don Angel Moratinos, que
está estos días en la ciudad de Asilah deleitándose con el sabor de su pescado
frito, se olvidó - en el mismo momento que recamaba su carta que escribía al
presidente de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España,
Daniel Rodríguez, donde le expresa la inquietud y la preocupación de la
comunidad europea hacia la política marroquí de expulsar a misioneros cristianos
evangelistas de Marruecos- que el gobierno de su país que ocupa una ciudad
marroquí que se llama Melilla ha agredido a ciudadanos marroquíes y los ha
expulsado por el simple motivo de portar la bandera marroquí.
España, el país democrático que da lecciones a Marruecos a diario por el hecho
de alejar de forma pacífica a misioneros españoles y americanos que desempeñan
su labor en su suelo en clara infracción de las leyes de residencia en vigor, es
el mismo país que agrede, golpea y echa a ciudadanos marroquíes simplemente por
llevar la bandera de su país en su automóvil.
Estamos ante un doble rasero de medir: mientras que a los cristianos se les
permite portar el crucifijo en suelo marroquí e invitar a los jóvenes marroquíes
a profesar su fe, a los marroquíes se les prohíbe llevar la bandera de su país
en una ciudad ocupada por España, un acto al parecer que expone a uno a ser
agredido, insultado y expulsado.
La respuesta española al mensaje de los marroquíes que portaron y ondearon su
bandera por las calles, como testimonio de su alegría por conquistar su equipo
nacional por primera vez en su historia la Copa del Mundo, no ha tardado mucho
en llegar. Ha hecho comprender a esos entusiastas que participaron en la alegría
de sus vecinos del Norte que no está dispuesta a que participen en su alegría
“moros” catetos, bullangueros y peligrosos, tal como son presentados por sus
medios de comunicación, sus programas televisivos y sus películas
cinematográficas. Por esta razón, ha procedido la policía española que ocupa la
ciudad de Melilla a despojar aquellos emigrantes marroquíes de la bandera de su
país acometiéndoles con golpes e insultos.
Una semana antes de este suceso, a muchos se les paso por alto la sentencia
dictada por el tribunal en Marruecos contra el ciudadano marroquí que asesinó a
puñaladas a un matrimonio español en su casa en la ciudad de Asilah, cuando
éstos estaban durmiendo. para robarles. El asesino fue condenado a la pena de
muerte, que es el máximo castigo establecido por la legislación marroquí contra
un condenado.
Esta sentencia envía un claro mensaje: las autoridades marroquíes no se andan
con chiquitas a la hora de salvaguardar los derechos y proteger la seguridad de
sus vecinos españoles de forma especial, y de los turistas extranjeros de forma
general. Pero parece que nuestros vecinos españoles no han captado el lado
esencial del mensaje.
¿Qué hemos logrado obtener pues a cambio de la otra parte del Mediterráneo? una
clara carta de amenaza. Y lo más sorprendente es que el autor de dicha carta no
es otro que el Sr.Moratinos, flamante Ministro de Exteriores de España, persona
muy próxima a Tel Aviv, que engaña a los responsables marroquíes accediendo a
asistir a sus festivales y a compartir sus banquetes. En su carta dirigida al
presidente de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España, el
Sr. Moratinos se ha comprometido a que Madrid pedirá a su nuevo embajador en
Rabat, Sr. Alberto Navarro, para que el asunto de los misioneros expulsados sea
prioridad dentro de su agenda de trabajo, con la intención de hacer que Rabat
cobre conciencia de las consecuencias diplomáticas de la expulsión.
Lo que se saca en claro de esta carta amenazadora es el fastidio español por la
orden de expulsión que ha llevado a cabo Marruecos en contra de los misioneros
evangelistas que no han respetado las leyes del país que les acoge.
Las cartas poco amistosas que Madrid envía a Rabat no tienen nada que ver con el
tema de la defensa de los derechos religiosos de los misioneros, ya que la
cuestión de los derechos religiosos de los mismos españoles es la cosa que menos
preocupa al presidente del gobierno, quien ha conseguido, por cierto, buscarle
las cosquillas a la Iglesia tras haber aprobado la legalización del matrimonio
gay.
En primer lugar, España está molesta y enfadada con Marruecos por designar como
embajador en España a Uld Suilem, uno de los fundadores del Polisario a quien el
pueblo español ve como el único representante del pueblo saharaui.
Tanto el gobierno español como sus medios de comunicación se han visto en
dificultades para convencer a la opinión pública española del hecho de que un
embajador saharaui haya que representar al monarca marroquí en Madrid, puesto
que en el imaginario popular español, los saharauis son un pueblo que no tiene
nada que ver con Marruecos. Y he aquí ahora que descubren, atónitos, que el
embajador que representa a Marruecos en su tierra es un saharaui tan marroquí
como el que más.
En segundo lugar, España está molesta con Marruecos a causa de los informes de
la prensa marroquí que han conseguido destapar los intentos de los servicios
secretos españoles por operar en Marruecos a través de una amplia red de
colaboradores y confidentes que ejercen sus actividades dentro de Marruecos en
ámbitos tales como los negocios, la prensa, la docencia y ONGs.
En tercer lugar, España está molesta con Marruecos a causa los grandes y
radicales cambios que están viviendo la zona oriental y el Norte, dos zonas que
están emergiendo como verdaderos competidores del Sur español en áreas como el
turismo o la atracción de inversiones.
Por eso, los jefes de la cúpula militar española, que siguen controlando los
resortes del poder, aprovechan cualquier oportunidad que se les presenta, sobre
todo en algunos medios de comunicación, para provocar a Marruecos violando, por
ejemplo, su espacio aéreo. La última provocación militar de España ocurrió hace
poco más de un mes en el Norte cuando un helicóptero militar español se aproximó
a la zona donde el monarca tenía su residencia. Este acto vulnera claramente el
más simple de los principios reconocidos en el Tratado de Amistad , Buena
Vecindad y Cooperación que han firmado Marruecos y España en julio de 1991.
Principios éstos que Marruecos siempre ha cumplido con buena fe.
Últimamente, la actitud provocativa de España está empeorando con Marruecos. La
leña que atiza más el fuego en la relación es su intrusismo en unos asuntos
internos ante los que Marruecos ejerce su poder y autoridad en tanto que nación
soberana.
Cuando el embajador español, Luis Planas, recibe con regularidad a separatistas
saharauis en el Hotel Barceló de Casablanca, facilitando, a algunos, visados
para viajar a España; o por ejemplo cuando recibe a Samir Bargachi, presidente
de la Asociación Gay “Kif Kif”, finaciando su revista y facilitando visados y
papeles de residencia para sus miembros; o cuando recibe clandestinamente a los
líderes de movimientos religiosos mandándoles coches para recogerles en los
aeropuertos españoles; todo esto deja entrever que su excelencia el embajador
deja de ser un simple embajador para convertirse en un “Alto Comisario” que
imagina que Marruecos sigue estando bajo el yugo del Protectorado de España.
Como premio a sus agravios, el Sr. Ex embajador y su esposa son invitados con
todos los honores para asistir a los festivales del Norte. Se le ha visto en
Tetuán en compañía de su esposa en un festival, invitados por la embajadora de
Marruecos en Portugal, karima Benyaich, con quienes comparte la sangre española
que corre por sus venas por parte de su madre española.
Dos días después, se les vio en el festival “Alegría” en Chauen, cuyos
organizadores han preferido darle nombre español en vez de árabe o beréber. Esta
edición del festival ha sido amenizada por actuaciones de grupos musicales y
bailarinas procedentes de España que han vuelto a su país con una buena tajada
de dinero en los bolsillos, a un tiempo que vemos que muchos artistas marroquíes
les cuesta Dios y ayuda obtener un visado de los consulados españoles para
asistir a una actividad artística en tierras españolas.
Lo que mueve a nuestros jóvenes a portar la bandera española y ondearla por las
calles al término de cualquier victoria de la selección española no es el
espíritu deportivo, sino la ignorancia de las relaciones históricas que han
vivido ambos países durante siglos y siglos. Nuestros jóvenes se olvidan de que
España sigue ocupando dos ciudades marroquíes, que ha utilizado gases tóxicos
contra nuestros hermanos rifeños, y que ha colonizado el Sáhara y matado a sus
combatientes.
Nuestros jóvenes se olvidan de que España gasta una enorme cantidad de dinero
para conmemorar cada año el recuerdo de la expulsión de los musulmanes del
Ándalus. Y desde hace ya décadas, esta efeméride ha pasado a formar parte de la
memoria colectiva de los españoles en tanto que referencia histórica para hacer
recordar a las futuras generaciones de españoles la versión oficial de la
expulsión de los musulmanes del Ándalus.
Los cristianos expulsaron a los musulmanes de forma ignominiosa, hasta tal punto
de que los moriscos expulsados se les metió el miedo en el cuerpo cuando
llegaron a Salé y A Fez al enterarse de que circulaba el rumor de que el rey
cristiano les iba a castigar dentro de las tierras marroquíes para cortar sus
cabezas con una espada que lleva el nombre de “matamoros”, el cual se ha
convertido en un apellido de familia común hasta el día de hoy.
La conmemoración ahora de esta derrota histórica de los musulmanes celebrada a
bombo y platillo no es en vano ni entra dentro de la cultura de malgastar el
dinero público, es más bien un método de inculcar miedo del vecino del Sur a la
ciudadanía española para largo tiempo.
Nosotros también hemos expulsado a los españoles del Sáhara, cosa que hizo que
Madrid se sintiera igualmente humillada, más aún cuando la expulsión coincidió
con la agonía del general Franco. La llamada a la Marcha Verde organizada por el
difunto Hassan II sigue hoy en día constituyendo un complejo sicológico muy
extendido y sumergido en el interior de los españoles. Fueron marcados por
aquellas imágenes donde soldados armados emprendieron la huida al llegarles la
noticia de que 350 mil “moros” armados sólo con el Corán y las banderas, qu
andaban sobre las arenas del Sahara y atravesaban los alambres de espino. Qué ha
sacado en limpio el estado de esta victoria salvo frívolas gestas cantadas en
televisión! Qué conocen los marroquíes sobre la Marcha verde aparte de la foto
de Osmán con sus gafas protectoras contra las tormentas de arena! Casi nada. De
ahí que la conmemoración de la Marcha Verde pase casi prácticamente
desapercibida para los marroquíes y no constituye más que un día festivo oficial
que se celebra una vez al año.
El patriotismo, el orgullo de sentirse vinculado a su tierra y el apego a la
identidad son cosas que se inculcan en las generaciones futuras enseñándolas el
verdadero valor que merece nuestra historia, nuestras victorias y nuestras
glorias .
Rachid NINI, “El vecino incómodo”, en: Almasae (diario marroquí), martes 20 de
julio 2010.
25.07.2010. 22:14
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